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Bienvenidos al fin del mundo
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Calificacion 6,1
Género:

Ciencia ficcion/ Comedia

País: Reino Unido
Duración: 106 min.
Año: 2013
Director: Edgar Wright
Reparto:
Simon Pegg, Nick Frost, Paddy Considine, Martin Freeman, Eddie Marsan, Rosamund Pike, David Bradley, Pierce Brosnan, Michael Smiley, Reece Shearsmith, Darren Boyd, Mark Heap
Castellano Trailer

Bienvenidos al fin del mundo

The World's End

Cinco amigos de la infancia se reúnen después de 20 años porque uno de ellos está empeñado en volver a probar suerte en un maratón alcohólico que nunca pudieron llegar a completar. Gary King, un cuarentón que todavía no ha conseguido superar la adolescencia, convence a sus cuatro reacios amigos y los arrastra a su pueblo natal en un desesperado intento por llegar al famoso pub “The World’s End”. Pero mientras intentan reconciliar el presente con el pasado, empiezan a darse cuenta de que la auténtica lucha debe librarse por el futuro, y no solo el suyo, sino el de toda la humanidad. Llegar al pub “The World’s End” es ahora el último de sus problemas. Bienvenidos al fin del mundo

Critica:

De acuerdo, no es perfecta y podría ser mejor… como sus personajes (humanos) y se entiende que Edgar Wright ha querido ser coherente con aquello que está contando por encima de hallar la película de entretenimiento definitiva… pese a que con el tiempo consideremos ‘La trilogía del Cornetto’ como uno de los aciertos del cine entendido como diversión, pasatiempo y placer del Siglo XXI. Todo lo bueno siempre tiene un final, incluso el delicioso helado Cornetto tricolor que nos ha propuesto Edgar Wright con “Zombies Party”, “Arma fatal” y, en esta ocasión, con un verde menta con chispeantes fragmentos de chocolate para que aterricen los alienígenas y la ciencia ficción en “The World’s End”, despedida y último lametón. Es complicado enfrentarse al fin del mundo (y a todo concluyente acto) y Wright es consciente del adiós pero parece darnos la bienvenida no sólo desde su título en castellano sino desde un argumento que podría admitir numerosas lecturas y vínculos con sus anteriores entregas. Las citas y referencias propias y pasadas van a aderezar y servir de golosina a una propuesta bajo una crema helada con la textura de “La invasión de los ladrones de cuerpos” y “Los hijos de los malditos”. Pero el más inalterable encanto de la cinta, que vuelven a monopolizar Simon Pegg y Nick Frost, es la exploración tanto del pasado de la trilogía como la convivencia de los logros de “Scott Pilgrim contra el mundo”, reduciendo su sabor a las letras de canciones que compone su acertada banda sonora como viaje nostálgico a principios de los noventa. La versión de ‘I’m free’ los Rolling Stones a manos de Soup Dragons sirve como carta de presentación del personaje [«No tenga miedo de su libertad porque soy libre de hacer lo que quiero (y conseguir mi bebida) en cualquier momento de mi edad»] y ‘Loaded’ de Primal Scream sella la declaración de intenciones de Wright [Queremos ser libres para hacer lo que queramos / Y queremos emborracharnos / Y queremos pasar un buen rato / Eso es lo que vamos a hacer].

En “Bienvenidos al fin del mundo” volvemos a los noventa y a la cassette y al inmovilismo ya visto en “Zombies Party” como forma de vida, pero esta vez Gary King —y su actitud de mantenerse fiel a su pasado— le enfrenta a mundo cambiante donde la tecnología se ha hecho con el poder y las juventudes clónicas campan a sus anchas en locales y pubs que parecen haberse sometido al multinacionales siendo copias inalterables. No hay distinción, no hay originalidad, no hay lugar a la sorpresa, el contacto humano está al alcance de un smartphone y cada vez parecemos una colmena… de robots. Sorprende, además, que Gary King sea un personaje llamativamente trágico sobre un fin nihilista aunque enfocado a una redención propia, mucho más acertado que esos jóvenes atrapados en cuerpos de adultos que la comedia norteamericana y extensiones apatowianas se encargan de utilizar cada año con el mismo agradado que utilizar un condón usado. Todo ese viaje sumado a la apropiación cultural de un pastiche pop, disparatado, extravagante —que entona el cruce perfecto entre el slapstick más surrealista y las coreografías de Jackie Chan— genera una nueva articulación de la parodia como elemento ejemplar y narrativo de una aventura burlesca e hilarante.

Posiblemente Wright haya plasmado la película más políticamente incorrecta y con texto completamente anárquico sobre la imposibilidad de someter a reglas definidas y dictatoriales al ser humano. Somos seres libres y hedonistas, necesitados de un Winchester para divertirse, emborracharse, perderse y volver. La necesidad (y a veces necedad) de dar una conclusión a las cosas provoca que el protagonista decida reunir a sus amigos de adolescencia para finalizar la ‘Milla de Oro’ y darse cuenta de que la juventud nunca volverá y el inmovilismo es la navaja más afilada en tiempos en los que todo avanza más rápido que nosotros mismos, abduciéndonos dentro de un sistema pre-calculado que nos invita a ser más perfectos. Realmente estamos posiblemente ante la película anti-sistema más concisa precisamente por no tomarse en serio y dejar dispuesto el futuro de la humanidad a un puñado de borrachos egoístas que dejan clara la más profunda de las verdades: el ser humano es imperfecto por naturaleza y un animal indomable que nunca desea estar amarrado a reglas. Se agradece, como colofón, la absoluta sinceridad y transferencia de la propuesta en ese alegórico nombre del pub que marca el último destino y parada: El Fin del Mundo es, efectivamente, el Fin del Mundo.

De “Los tres cinco mosqueteros” de Alexandre Dumas a una reinterpretación de la odiada “Los amos del barrio”, “The World’s End” nos habla de Reyes y Leyendas, del inerte terrenal, de llegar o no llegar, en definitiva, al fin de nuestras existencias bajo la pérdida de nuestra personalidad por encima de la perfección y la genética. Somos más humanos cuanto más imperfectos somos, parecen sentenciar como mensaje de la obra. Con su humor inglés y desternillantes e inesperados golpes de violencia, sangre y risas hacen girar vertiginosa diversión cuyo eje es la inteligencia de la parodia absorbida por la referencia. Sus debilidades son perdonadas por el sentido de amplitud de la obra concluyente, como si todo fuera una elaborada y mastodóntica excusa para un genial sketch final. Como si todo fuera un purgatorio redentor tanto para sus protagonistas como el propio espectador que ha saboreado tan inusual y reivindicable trilogía. ¡Qué corra la sangre… azul porque el King ya está aquí!


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