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El caballero oscuro: La leyenda renace
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Calificacion 7,5
Género:

Action/ Drama/ Thriller

País: USA
Duración: 164 min
Año: 2012
Director: Christopher Nolan
Reparto:
Christian Bale, Anne Hathaway, Tom Hardy, Joseph Gordon-Levitt, Michael Caine, Gary Oldman, Marion Cotillard, Ben Mendelsohn, Morgan Freeman, Matthew Modine, Josh Stewart, Tom Conti, Burn Gorman, Alon Aboutboul, Daniel Sunjata, Juno Temple, Nestor Carbonell, Aidan Gillen, Brett Cullen, Cillian Murphy, Chris Ellis, Liam Neeson, Wade Williams, Josh Pence, Mark Killeen, Joey King
Castellano Latino Castellano 2 Trailer
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El caballero oscuro: La leyenda renace

The Dark Knight Rises

Hace ocho años que Batman desapareció, dejando de ser un héroe para convertirse en un fugitivo. Al asumir la culpa por la muerte del fiscal del distrito Harvey Dent, el Caballero Oscuro decidió sacrificarlo todo por lo que consideraba, al igual que el Comisario Gordon, un bien mayor. La mentira funciona durante un tiempo, ya que la actividad criminal de la ciudad de Gotham se ve aplacada gracias a la dura Ley Dent. Pero todo cambia con la llegada de una astuta gata ladrona que pretende llevar a cabo un misterioso plan. Sin embargo, mucho más peligrosa es la aparición en escena de Bane, un terrorista enmascarado cuyos despiadados planes obligan a Bruce a regresar de su voluntario exilio. El caballero oscuro: La leyenda renace

Critica:

Al final de los 164 minutos (¡casi tres horas!) de ‘El caballero oscuro: la leyenda renace’, estallan los aplausos y los suspiros de alivio, síntoma inequívoco de que las esperanzas de los espectadores de la ‘premiere’ han sido satisfechas y, también, de que podrán dejar de retorcerse en las butacas en una versión renovada del síndrome de la clase turista.

No les vamos a engañar: largo es el camino. Pero si preguntan: ¿merece la pena? La respuesta es sí, sí y sí. Aunque sólo sea por los 40 minutos finales en los que Christopher Nolan (‘Origen’, 2010) despliega toda su artillería en forma de cameos, microdesenlances, revelaciones, giros y zambombazos varios. Ese macrofinal justifica un prólogo tibio, un inicio a medio gas y un desarrollo un poco falto de chicha: como los viejos magos, el director de ‘Memento’ (2000) se guarda lo mejor para el desenlace. Y aliña la acción con un inesperado universo de referencias revolucionarias que no puede venir más al caso. Al menos, en Europa.

El héroe, un Christian Bale ya para siempre murciélago, reaparece enfermo, retirado, ya canoso y casi pobre, arrumbado a la manera de Howard Hughues en su mansión. Su Batman sigue siendo el más granítico en su gesto y wagneriano en su espesor dramático y justiciero. De hecho, en esta última entrega, sus dilemas existenciales apenas se compensan con el consabido ‘fashionismo’ de millonario decadente (aquí le vemos más sudando y sufriendo que con el canapé en la mano) y un mínimo encuentro erótico que cumple más una función argumental que festiva.

Claro que lo contrario sería tan raro como encontrarse a Darth Vader bailando una conga. A su alrededor continúa funcionando a la perfección esa red de seguridad inefable, tejida con auténtica maestría por Nolan: Alfred (Michael Caine), ya más abuelo que figura paterna; Lucius Fox (Morgan Freeman), inventor de un nuevo cacharrito volador; James Gordon (Gary Oldman), el teniente casi decente pero siempre cómplice del Caballero Oscuro. La nómina de satélites se amplía aquí con Anne Hathaway, bastante gatuna, en especial sobre la batmoto, como la ladrona Selina Kyle (aka Catwoman), tan gélida como el mismo Batman; Marion Cotillard, en el papel de una filántropa y fan de las investigaciones de Bruce Wayne; Joseph-Gordon Levitt, como huérfano, policía y pequeño saltamontes de Gordon y, ‘last but not least’, el consabido malo, Bane (Tom Hardy), un personaje que palidece ante el malvado payaso de Heath Ledger en ‘El caballero oscuro’ (2008). Aunque confíen, el final induce a la reconciliación.

El motor de la acción no puede ser más clásico: un fuente de energía ‘made in’ Industrias Wayne que puede beneficiar a los ciudadanos de Gotham (bella y oscura como siempre), o destruir la ciudad con su potencial nuclear. Envolviéndolo, toda una red de argumentos paralelosy más importantes: la épica de un héroe destruido que renace (dos veces); la espectacularidad de la madre de todas las catástrofes: una ciudad que explosiona; el drama de unos personajes con mucho fondo de armario que se debaten en dilemas éticos, morales, pseudoreligiosos; cierto intimismo sentimental siempre más blanco que la leche y, he aquí la sorpresa, la irrupción de un universo de referencias políticas que hacen de Gotham (de repente retratada en toda su claridad) el escenario de una guerra. O, más bien, de una revolución, una muy parecida a la madre de todas las revoluciones: la Francesa.

En manos del mercenario Bane, la ciudad del murciélago se levanta contra sus gobernantes corruptos, erige un tribunal con una única sentencia (la muerte) y se entrega a la rapiña, la okupación y los disturbios. Es el caos al servicio del utopismo revolucionario más ciego, un huracán de violencia que sirve escenas de guerra desatada entre policía y ciudadanos que, he aquí lo inquietante, estamos viendo hoy en televisión. Incluso el ‘martirologio’ al que es sometido el millonario Wayne, enterrado por el malvado en una prisión-hoyo, supone una venganza de clase. Nolan se descuelga como adalid del posibilismo conservador: la revolución social es la manipulación de una ciudadanía ignorante y corrupta; los líderes revolucionarios ha perdido, de una manera u otra, la razón. “La solución debe venir de dentro”, exclama su personaje favorito, Gordon; hasta la gatita ladrona, en principio deseosa de una tormenta que arrase la Babilonia en la que se ve obligada a vivir, se cuestiona su inclinación antisistema. Ese Bane con la cara medio oculta por una máscara, sin apenas historia ni destino claro, sin razón aparente, parece la metáfora de los encapuchados anticapitalistas, los indignados con cóctel molotov en mano, los anonymous, los hackers y hasta de Wikileaks.

Por suerte, el espectáculo cinematográfico continúa por encima de todas estas elucubraciones. Por encima de estas y también por encima de las que se han desatado en EEUU, donde hasta se ha sugerido que un mensaje propagandístico en contra del candidato republicano Mitt Romney subyace tras el personaje de Bane. Su nombre suena parecido a ‘Bain’, nombre de la compañía de inversión (Bain Capital) de la que Romney fue directivo desde 1984 hasta 1999. “Mucha gente que irá a ver la película, sobre todo las mentes moribundas por culpa de la cultura pop, asociará el nombre del villano con el de Romney”, ha explicado el autor de tan delirante teoría, el locutor de radio ultraconservador Rush Limbaugh. En esta mente moribunda han quedado impresionados dos instantes: esa línea final del guión en la que se reivindica “una ciudadanía tranquila, útil y próspera” (¿no pone un poco los pelos de punta?) y la aparición estelar de ese templo y símbolo del consumo de lujo que es Saks Fith Avenue, única marca comercial que aparece en la cinta. Menos mal que Nolan no da una de cal sin otra de arena, y deja apuntado al héroe que, en el futuro, deberá proteger a Gotham de sus enemigos y de ella misma. Pero eso, claro, es ya otra historia.

Laggies
laggies
Idioma Castellano
Calificacion 5,5
Año 2014
Duracion 99 min
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